sábado, 3 de enero de 2009

Los negocios navideños pueden amargarte esta época de paz


Quizás ha pasado bastante tiempo ya, pero recién hoy me siento preparada para revivir aquellas épocas navideñas en que en lugar de tratarse de un periodo de paz y de respirar tranquilidad fue todo lo contrario para mi hermana y para mí.
El año pasado decidimos continuar con un legado que nos dejó mi abuelita: el negocio de hacer panetones navideños para algunas empresas.
La navidad del 2007 fue relativamente fácil porque sólo tuvimos que trabajar en un aproximado de 200 unidades, pero esta pasada navidad ¡llegamos a los 1500 pedidos! y se imaginarán por lo tanto que pasamos una agitada época de locura y trabajo.
Para comenzar iniciamos con la elaboración de los pedidos bastanate tarde. Estábamos mezclando los primeros ingredientes a tan sólo 10 días de la Noche Buena y es que así somos los seres humanos: dejamos todo para último momento.
Teníamos que elaborar un total de 400 panetones y los terminamos en 5 días de arduo trabajo en un infierno que superaba los 35º de temperatura gracias al sol que muchos aprovecharon para ir a la piscina y los hornos que se conviertieron en nuestros amigos y enemigos al mismo tiempo.
El día seis lo utilizamos para hacer compras para el resto del trabajo que teníamos que tener listo para seis días después, el trabajito se trataba nada más ni nada menos que de 1300 queques navideños. Fue entonces que comenzó la mayor tortura y la etapa más difícil.
El día siguiente fue el peor: nos llamaron de la empresa que nos contrató para pedirnos que adelantemos la fecha de entrega a dos días antes de lo previsto, uno de los hornos colapsó por recalentamiento ante las tantas horas de trabajo continuo y cuando el técnico nos visitó y logró arreglar el problema el otro horno también exigió un poco de atención ya que la manguera de gas explotó y se produjo una fuga de gas que nos hizo correr a cerrar la llave de la garrafa y hasta derramar algunas lágrimas de impotencia cansancio ya que trabajamos de ocho de la mañana a cuatro de la madrugada y sólo logramos preparar un escaso número de 144 queques, lo que nos hacía ver muy lejos la cifra del millar por la que teníamos que trabajar en los próximos tres días. Fue realmente frustrante.
Pero amaneció nuevamente y tuvimos que volver a lo nuestro a las 8 a.m. como ya estábamos acostumbradas y ante la desilusión del día anterior tuvimos que trabajar como panaderas profesionales y organizar mejor el trabajo; esto nos permitió elaborar ese día un total de 500 queques, pero nuestros brazos y piernas colapsaron y para ellos sí que no había técnico alguno que pudiera cambiarlos por unos nuevos, así que debíamos seguir adelante. Ya ni me interesaba el dinero que pudiérámos ganar, simplemente pensaba en mi nombre y el de mi hermana, en la verguenza que pasaríamos si hubiéramos llegado a fallar a aquella empresa que cabe mencionar que es de bastanate prestigio en la industria cruceña.
Y así transcurrieron el siguiente par de días entre harina, azúcar, huevos y hornos, pero ¡adivinen qué! finalmente pudimos entregar el pedido y recibimos felicitaciones por la calidad de nuestro producto y ahora recién puedo sonreír recordando tantas anécdotas y con bastante dinero en la billetera. Eso sí...¡el próximo año lo pensaré mil veces para entrar nuevamente en el negocio! aunque después de toda la hazaña igual agradecemos su preferencia y esperamos sus pedidos para el 2030.
Saludos y que tengan un feliz año...

2 comentarios:

topolicious dijo...

ajjajaja... lo vivi el cansancio!...

Vania B. dijo...

Tremendo trabajo!, pero qué lindo es ganarse la platita con el sudor de la frente no?.

Ya tienes un pedido de panetones para el 2030, pues para esa época asumo que ya tedré nietos con buen apetito jeje.

Saludos desde Chuquiago.